Tomado de Penultimos Dias
http://www.penultimosdias.com/2009/09/29/el-dia-que-castro-lloro/ El día que Castro lloró September 29th, 2009 ·
Por Ann Louise Bardach La muerte comenzó el 27 de julio de 2006 y aún no ha concluido. Ciertamente, hubiera sido difícil imaginar un epílogo que atrajese menos a Fidel Castro —un hombre orgulloso y puritano que ha protegido celosamente su privacidad personal, un autócrata obsesivo y puntilloso, nada puede haber sido más angustioso que ver los detalles de su cirugía intestinal de urgencia desplegados en las portadas de periódicos y websites cinco meses después. Por primera vez, Fidel Castro quedó marginado como amo de su propio destino. Un nuevo retrato —el de un frágil octogenario que se aferra a la vida— suplantaba su cuidadosa imagen de guerrero en guardia.
Pero como correspondía a un dictador de película —y al jefe de estado de más largo reinado del mundo— Castro se tomaría su tiempo para abandonar el escenario. Esa salida, con finales periódicos, está condenada a ser maratónica: una epopeya que nos vemos tentados a llamar La Fideliada.
El 26 de julio de 2006, Castro participó en las habituales celebraciones de la Revolución Cubana. Pero a medida que pasaba el día, el Comandante estaba visiblemente mohíno, tosiendo, con un dolor paralizante. “Pensé que era el final,” declaró más tarde. Horas después le llevaron en avión de regreso a La Habana y lo ingresaron urgentemente en la principal instalación médica de Cuba. Una semana antes, en Argentina, Castro había discutido con un reportera reportero cubanoamericano que le preguntó sobre una disidente a la que se le había negado la visa para abandonar Cuba. Un Castro irritado explotó en una súbita descarga, capturada en video.
Después de caer enfermo, una fuente cercana a los doctores de Castro especuló que el estresante encuentro había precipitado un nuevo y furioso ataque de diverticulitis. Esta dolorosa, recurrente, infección intestinal había acosado a Castro desde los setenta y supuestamente requirió de cirugía por primera vez en los ochenta. La diverticulitis es un síntoma relativamente común del envejecimiento, caracterizado por la aparición de bolsitas —o diverticulos— en el recubrimiento del colón o intestino grueso. Cuando los diverticulos se infectan, sangran o se rompen, la llamada diverticulitis puede ser extremadamente dolorosa y potencialmente letal.
Castro sufría casi seguramente de la más severa variante de esa enfermedad, conocida en algunos círculos médicos como “diverticulitis maligna.” No se trata técnicamente de un cáncer, pero a menudo tiene un progreso similar, con índices de mortalidad comparables. De acuerdo a un informe médico escrito acerca del tema, “esta forma de la enfermedad sigue una trayectoria implacable de sepsis crónicas, fístulas recurrentes y muerte eventual debido a una o más complicaciones de la enfermedad.” Los cuidadores de Castro podían negar verazmente el persistente rumor de que tenía cáncer de colón, y sin embargo su enfermedad, que se multiplicaba rápidamente con múltiples complicaciones, era igualmente hostil.
Durante tres días de julio de 2006 el apagón noticioso fue un contrapunto espectral de los escuadrones de funcionarios gubernamentales que podían verse yendo rápidamente entre las oficinas del Comité Central del Partido Comunista y el Palacio de la Revolución. El 28 de julio, el médico jefe de Castro —acompañado por oficiales de la Seguridad del Estado— fue visto corriendo a toda prisa hacia palacio. El perturbador silencio se rompió dramáticamente el 31 de julio, cuando el noticiero de la noche se interrumpió para dar paso al fiel asistente personal de Castro (después dejado al margen) Carlos Valenciaga. Éste leyó una declaración preparada, supuestamente escrita por Fidel, diciendo que había sufrido “una grave crisis intestinal con un sangrado continuado que me ha obligado a sufrir una complicada operación quirúrgica.” La misiva se extendía para declarar una transferencia temporal del poder a su hermano Raúl, de 75 años, el jefe de las Fuerzas Armadas.
Muchos dentro de la élite chismosa de la Habana, conocida como la nomenklatura, estaban convencidos de que el Comandante se había reunido con su hacedor. No estaban solos. Un eminente banquero de Ginebra, en la junta del gigante bancario UBS, con conocimiento de primera mano sobre las cuentas numeradas de Cuba en los bancos suizos, estaba igualmente convencido de que Castro había muerto. Algunos de los fondos cubanos habían sido administrados por la rama de Ginebra de Handelsfinanz —luego comprada por HSBC Guyerzeller. “Es un cadáver,” dijo el banquero a un confidente, al notar que los fondos gubernamentales, controlados por Castro habían sido transferidos, presumiblemente a su hermano Raúl, durante los días finales de julio de 2006.
Miguel Brugeras, que había servido como embajador en el Líbano, Argentina y Panamá, estaba entre aquellos a los que se permitió visitar a Castro en aquellas primeras semanas. Devoto fidelista, Brugeras le dijo a amigos próximos que “Fidel no se recuperará de esto.” Castro no tenía cáncer, dijo, pero su condición era pese a todo “terminal.” (Irónicamente, Brugeras moriría ese mismo años, mientras Castro se marchaba de su suite hospitalaria.)
En La Habana, los rumores de la muerte de Fidel se ahogaron tan sólo cuando dos de sus hijos acudieron, a mediados de agosto de 2006, a la concurrida fiesta de un conocido artista. Poco después, su hijo Antonio Castro, un cirujano ortopédico que dirige la Liga Nacional de Béisbol y es médico personal de su tío Raúl, agradeció a un colega su pésame, añadiendo tristemente: “lo que el Viejo tiene es fulminante.”
A finales de octubre de 2006, los rumores de que Fidel se había deslizado por una espiral mortal eran tan persuasivos que el gobierno arregló la transmisión televisiva de la filmación de un frágil Castro. Miembros de la familia dijeron con inquietud a sus amigos de confianza que había perdido más de 45 libras y aún no podía sentarse o tomar comida sólida.
Entonces súbitamente, la burbuja herméticamente sellada en torno a Castro explotó. En la víspera de las Navidades de 2006, un periódico de Barcelona reveló la historia del viaje secreto a la Habana del cirujano español José Luis García Sabrido, un experto en cáncer de colón que ya habría tratado previamente a Castro. Tres semanas después, el 16 de enero de 2007, el diario español El País publicó un recuento sensacional de la situación de Castro basada en dos fuentes médicas que trabajaban en el mismo hospital que el Dr. García Sabrido. Informaban que en julio Castro a duras penas había sobrevivido a tres torpes cirugías intestinales y sufrido dos ataques de peritonitis, una infección potencialmente letal.
Tal y como se supo, la crisis médica de Castro había sido creada por él mismo. Típicamente un paciente con el historial de Castro de crónicas y graves diverticulitis habría recibido una colostomía, que implica cortar los segmentos infectados del intestino, y después poner una bolsa externa al paciente. Una vez que el paciente se ha recobrado completamente, una segunda cirugía es necesaria para reconectar los intestinos.
Pero Castro se opuso una colostomía, tal vez por orgullo, machismo o hibris —o alguna combinación de las tres. Esperando evitar una segunda operación, se decidió por una operación más arriesgada. A pesar de las advertencias implícitas de riesgo, Castro optó por una operación en la que las porciones infectadas del colón fueron extirpadas y el colón reconectado al mismo tiempo. En esas circunstancias, “la resección intentada está llena de dificultades,” advertía un informe de 1998 de León Morgenstern, antiguo jefe de cirugía del Cedars Sinai Medical Center, “y un final potencialmente letal.” Los cirujanos de Castro lo sabían, pero su paciente tenía una opinión propia. “Nadie podía decirle no,” dijo un amigo de confianza de Castro, que estuvo presente en las discusiones. “No oía a nadie porque no podía soportar la idea [de una bolsa externa de colostomía].”
El atajo —en el que el colón se unía al recto— se rompió, filtrando material fecal y causando una peritonitis. Una segunda cirugía de emergencia fue necesaria. Pero entonces las cosas fueron de mal en peor. Mientras unían la bolsa de colostomía, los cirujanos vieron que la vesícula biliar de Castro se había vuelto gangrenosa, requiriendo un tubo que drenase el material tóxico. El tubo de drenaje al conducto bilial, que conectaba los intestinos a la vesícula biliar, también falló. Otra cirugía fue necesaria urgentemente para insertar un segundo drenaje. Castro perdía más de una pinta de fluido al día.
Un especialista en colón de la UCLA declaró que no estaba sorprendido por ese sombrío resultado: “La sepsis, falta de nutrición y el estrés sistemático [de una cirugía fracasada seguida por una peritonitis] puede ser devastadora, incluso letal” dijo. Después de que se efectuase una colostomía que le salvó la vida, Castro estaba profundamente turbado. “Fidel estaba llorando,” dijo una fuente presente en el Hospital. “Lloró varias veces aquel primer día. Estaba destrozado.” Castro bien pudo haber sido sometido a diálisis, ya que el fallo de los riñones no es raro en estos percances médicos.
Durante los cinco meses siguientes, Castro fue alimentado de forma intravenosa. Cuando el Dr. García Sabrido llegó en diciembre de 2006, encontró que “Castro se estaba muriendo de hambre,” dijo el cineasta documentalista Saúl Landau, que habló con una fuente médica bien informada durante su estancia en La Habana. “Lo habían alimentado únicamente de forma intravenosa y no le daban comida.” La comida sólida fue reintroducida en la dieta de Castro y lentamente comenzó a mostrar signos de mejora.
Buscando desarmar los rumores acerca del rápido declive del Máximo Líder, fue organizado un segmento televisivo de Hugo Chávez visitando su habitación de Hospital. Castro llevaba su uniforme postoperatorio —un holgado chándal rojo, blanco y azul que remplazaba su uniforme militar de campaña y tenia la ventaja adicional de ocultar una bolsa de colostomía. Este patrón de sesiones fotográficas periódicas para el convaleciente en jefe ha continuado hasta el presente, aunque no se ha mostrado ningún metraje en vivo hasta el momento.
Castro puede desaparecer durante semanas o meses hasta que la filtración de rumores alcanza una fuerte efervescencia. Entonces, ¡puf!, reaparece para recibir el abrazo de algún líder simpatizante extranjero de visita, como Chávez, el presidente de Brasil Lúis Ignácio Lula da Silva, o el presidente de Bolivia Evo Morales.
Castro también comenzó a trabajar con los teléfonos en momentos raros del día o la noche, llevando a algunos receptores sorprendidos a referirse a él como El Fantasma. Un amigo de Castro que lo visitó a menudo atribuyó la recuperación de El Comandante a su uso de una cámara de oxigeno hiperbárica: de tres a cuatro veces al día, dijo el amigo, por intervalos de una hora.
En enero de 2008, como había esperado fervientemente, Castro vivió para ver el aniversario de oro de la revolución que había llevado a Cuba. En la primavera de 2009, un aparentemente rejuvenecido Castro comenzó a pasar más tiempo en su residencia de Siboney, donde sus médicos habían creado una habitación médica de primera. Durante los meses siguientes, podría verse ocasionalmente a Castro y a su equipo de seguridad dando vueltas por el barrio o cerca del hospital para VIPs de la Habana, que visitaba presumiblemente para mantener su aparato de colostomía y posiblemente para la diálisis.
Unos pocos invitados cuidadosamente seleccionados fueron invitados a visitarlo en su casa. Tres miembros del Congressional Black Caucus efectuaron una de esas visitas en abril de 2009, y fueron saludados por la esposa de Castro, Dalia Soto Del Valle. El congresista Bobby Rush dijo que su grupo se había sentido encantado por el líder cubano, que permaneció sentado durante su conversación de dos horas. Describió a Castro hablando con el trío “como si fuéramos viejos parientes.” Cuando llegó el momento de irse, Rush dijo, “fue muy cuidadoso y deliberado cuando se levanto.”
A finales de agosto, Castro pasó una tarde con el director Oliver Stone, que había filmado dos documentales sonrientes sobre el líder vitalicio cubano. [El canal] Telesur, con base en Caracas, anunció la semana pasada que retransmitiría “muy pronto,” una nueva entrevista con Castro de Stone; mientras una web del gobierno cubano dijo que el programa mostraría a Castro “en excelente estado de salud.” Stone se vio sorprendido por el anuncio, de acuerdo con su asistente, que enfatizó que Stone “posee” las tres horas de metraje, que planea convertir en un documental. “Querían hacer una cosa tipo Barbara Walters,” dijo, refiriéndose a la aduladora entrevista de Walters con Castro. “Pero tenemos completo control del metraje,” añadiendo que Stone “aún no había comenzado la edición,” pero confía en tener el filme acabado a final de año o a principios del año que viene.
Desde marzo de 2007, el Máximo Líder ha escrito una columna de “Reflexiones” para el diario estatal Granma. En rápidas descargas, ha publicado docenas de ensayos sobre temas grandes y menores —desde exabruptos contra George W. Bush a la necesidad inmediata de remplazar bombillas incandescendentes con otras fluorescentes.
A finales de 2008, Castro escribió una nota favorable sobre el nuevo presidente americanos, y la concluyó con una nota de sombrío candor. “Me encuentro bien pero, insisto, ninguno [de mis camaradas] debe sentirse obligado por mis reflexiones ocasionales, la gravedad de mi salud, o mi muerte.”
Reflexionó aún más. “He tenido el raro privilegio de observar los acontecimientos por muy largo tiempo. Recibo información y pondero con calma los sucesos.” Después Castro reconoció por primera vez públicamente la seriedad de su enfermedad, a pesar de su reciente insistente recuperación. “No espero disfrutar de ese privilegio dentro de cuatro años —cuando concluya el primer término del presidente Obama.”
Ann Louise Bardach es autora de Without Fidel: A Death Foretold in Miami, Havana and Washington así como del aclamado Cuba Confidential: Love and Vengeance in Miami and Havana. Es la reportera ganadora de un Premio PEN/USA y redactora y colaboradora habitual de Vanity Fair, y ha escrito para The New York Times, Washington Post Outlook, Los Angeles Times, y The Atlantic. Ha aparecido en 60 Minutes, Today, and CNN, entre otros programas.
Este adelanto del libro Without Fidel, fue publicado hoy por The Daily Beast. Traducción: Juan Carlos Castillón.
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